
NO
VAYAS, FEDERICO...
No te vayas, Federico.
Antonio Vargas ha muerto,
lo llevaban cuatro gitanos,
todos vestidos de negro.
Lo mataron cuatro civiles
de cuatro tiros en el pecho.
La sierra ya se quedó sola.
Su caballo no corta el viento.
No te vayas, Federico.
En la sierra, sólo queda un recuerdo,
de un gitano, moreno de luna,
montado en su caballo negro.
Las mocitas de la sierra lloran.
Todas lloran en silencio.
Antonio Vargas Heredia,
aquel gitano moreno,
ya no le dirá a ninguna,
gitana, ¡cuánto te quiero!
Juan Caro
- Octubre 2007
SOÑÉ CON UN BESO
Hoy me siento vacío; me falta vida,
un retazo de vida que en sueños me robaron,
como estrella fugaz pasó por mi sentido
hiriendo de metralla el corazón dolido.
Fue eso; simplemente un beso
que una mujer me diera en la dormida
paz del primer sueño.
Aquellos labios de rosa entreabierta
dejaron en mi boca sabores escondidos
en recónditos lugares de mi alma
que yo ignoraba que hubieran existido.
Si ese beso hubiera sido
felizmente real y consentido
hoy no tendría palabras de nostalgia
de un amor que no es correspondido.
Por eso, el despertar ha sido amargo
al ver que todo ha sido fantasía,
que el beso se evaporó llegando el día
dejándome una huella de letargo.
Sueño y realidad me traicionan a porfía.
Esto no es una queja, es como un dardo
y no quiero volver a soñar el beso en otro día.
Emilio García del Nido
MI TIERRA ANDALUZA
No se que tiene esta tierra,
que corta mis sentimientos,
cuándo suena una guitarra,
dando sus notas al viento.
Cuándo dibujo sus mares
en las entrañas del tiempo
y suenan por soleares,
mis sueños y mis recuerdos.
Y viendo mi mar de olivos,
se me desgarra en el alma,
mil piropos que no puedo
dejar ir por mi garganta.
Aprietan vagos lamentos,
a mis sienes plateadas,
recordando los momentos,
de esos lugares de calma.
Y…lanzo al cielo mis versos,
que rompen en las estrellas,
cantando por seguidilla
mil cantos para mi tierra.
Ana
FIESTA EN LAS CUEVAS
Hay luna llena en el cielo,
muchas cañas y chumberas,
gitanas de pelo negro
delante de las mil cuevas
y el fuego chisporroteando
muy cerca… junto a las pencas
prestando luz y calor
a todas las gentes buenas.
Ahí está la luna, el fuego,
también unas sombras nuevas,
son sombras de carne y hueso
que la zambra trae y lleva.
En el centro de la plaza,
por llamar de esa manera,
se van juntando las gentes
y en sus pechos hay quimeras.
Personas de casta brava
con la mirada altanera,
sonrisa eterna en sus labios
y ojos negros con ojeras.
Ellas con pequeños pies
y talles que se cimbrean,
ellos de piel bronce oliva
con brillos de tez morena.
Mil chispas salen del fuego
confundiendo a las estrellas.
La luz brilla en el camino,
los ojos como centellas
y al compás de intenso baile
el Sacromonte se alegra.
Aquel tropel de gitanos
bailan y viven la juerga.
Fiesta en las cuevas del monte
que espera una señal cruenta
celebrando el gran casorio
de la gitana más bella.
Se oye rasgar la guitarra,
los brazos revolotean,
las palmas suenan con fuerza
y roncas voces canturrean.
Allá en frente la Alhambra
asombrada ve y espera
pues no comprende muy bien
quién es allí la más bella,
si el Sacromonte y sus zambras
las gitanas de la fiesta,
ella misma que es la joya
o Granada que es la reina.
Y mi “Graná” la sultana
con blanca luz por bandera,
la que en plazuelas con duende
los sus amores encierra,
la que oliendo a mil claveles
se está mirando en su Sierra…
abre los brazos y en ellos
abraza “to” lo que encuentra.
Chumberas y cuevas blancas
las mil cañas polvorientas,
sus gitanos, las flamencas,
cien fogatas, lunas llenas,
la Alhambra, el Sacromonte
y a “toa” Andalucía entera.
Joaquín Pérez de la Blanca
Desde el ángulo oscuro de mi ventana,
veo pasar a diario tu gran belleza,
que ilumina mi vida por la mañana,
y amortigua un momento tanta tristeza.
Desde el angulo oscuro de mi ventana,
aguardo con paciencia tu cruce lento
por la acera de enfrente, diosa pagana,
moviendo tus caderas, como ola al viento.
Desde el ángulo oscuro de mi ventana,
contemplo con éxtasis tus verdes ojos,
que oscurecen las luces de la mañana
y embellecen, sublimes, tus labios rojos.
Desde el angulo oscuro de mi ventana,
contemplo embelesado tu cinturita,
que mueves cadenciosa, como sin gana,
y a mí me vuelve loco, niña bonita
Quien pudiera decirte, ¡Mujer, te quiero!
y acariciar tu cuerpo con gran dulzura.
¡Quien fuera para siempre tu compañero,
borrando con tus besos esta amargura!
¡Solo yo soy culpable de tantos males!
¡Maldita sea la silla que me retiene!
¡Mientras muero de amor tras los cristales,
por mi culpa mi cuerpo, no se sostine...!
Y llegará ese día, que triste aguardo,
en el que te acompañe otro compañero.
Y allá, tras la ventana, en mi resguardo,
estoy seguro, vida, que yo... me muero...Antonio Pardal
Cuando veo esos ojos tan tristes.
Cuando observo esos pelos canosos y ralos.
Me pregunto,
¿Tú eres quien fuiste?
¿Que queda de ti?
Pero el alma, maldita, me engaña,
y dice, ladina, no creas al espejo, que miente,
pues tú sigues siendo el mismo de siempre,
aquel joven con ojos brillantes,
aquel hombre con pelo tupido y moreno,
con cuerpo muy erguido y mirar sereno.
Y vuelvo a mirarme al espejo,
y solo contemplo en el mismo
las ruínas de un pobre ser viejo.
¡Oh Dios de la vida y la muerte!
¿Quien es el que miente...?
¡Oh Ser infinito que el alma me diste!
¿Por qué la mantienes tan bella y hermosa,
y yo estoy tan triste?
¿Por qué no se aja mi alma igual que mi cuerpo?
¿Por qué soy tan viejo por fuera y tan joven por dentro...?
Antonio Pardal
-¿De dónde vienes tan tarde?
¡Dime, di! ¿De dónde vienes?
-Vengo de ver unos ojos
verdes como el trigo verde.
El sueño juega y se esconde
en la plaza de mi frente;
cabalgo por las ojeras
de unos ojos en relieve.
El cuarto se va llenando
de mar, de barcos y peces,
acuarium improvisado
sobre el barniz de los muebles,
mientras que la media luna
de junio roja y solemne
se suicida sobre el filo
de la mañana que viene.
-¿De dónde vienes cantando?
¡Dime, di! ¿De dónde vienes?
-Vengo de ver unos ojos
verdes como el limón verde.
Por el río de la siesta
pasa un pregón hecho nieve
persianas atravesando:
Chumbos frescos,
¿quién los quiere?
La sábana de la cama
en silencio se defiende
amortajando suspiros
bajo la cal de sus pliegues
contra dos cuerpos desnudos
que su blancura oscurece;
muslos de trigo en mis muslos
brazos delgados y ardientes
que como ríos morenos
iluminados de fiebre
se precipitan sin pulso
por la llanura del vientre
en una lucha romana
de mirtos y de laureles.
-¿Dónde naciste? -En Tarifa,
¿Y tú? -En Sevilla.
Mis sienes
están preñadas de olivos
como tus ojos de verdes.
El silencio apuñalado
vuelve a sembrar las paredes
y un sueño de torres altas
y de relojes ausentes
sobre la cama cansada
echa su capa de nieve.
-¿De dónde vienes borracho?
¡Dime, di! ¿De dónde vienes?
-Vengo... vengo de la viña
y el olivarito verde.
-¿Qué mala hierba pisaste,
quién te atravesó las sienes
con ese mal fario...? ¡Dime!
-Son las cosas de la suerte,
unos la encuentran de espaldas,
otros la encuentran de frente,
y yo me encontré a sus ojos
verdes como el trigo verde.
-¿Quieres que te haga una taza
de hierbabuena caliente?
-Quiero su voz, luna y plata
diciéndome que me quiere.
-¿Quieres que te ate un pañuelo
y te lo anude a la frente?
-Quiero sus brazos de trigo
y su cintura de aceite.
-¿Quieres que cante una nana
para ver si así te duermes?
-Quiero sentirme en el cuello
su aliento de flauta breve.
-Entonces... mi corazón,
dime, ¡por Dios! lo que quieres.
-Quiero sus ojos. Sus ojos
verdes como el trigo verde,
como el limón y la albahaca,
como el mar y los cipreses,
como las almendras nuevas,
el romero y los laureles...
Si no me traes sus ojos,
¡dile que venga la muerte!
Rafael de León
SONETO DE AMOR
Peso poco en tu vida, casi nada,
como un leve rumor, como una brisa,
como un sorbo de fresca limonada
bebido sin calor y a toda prisa.
No adelanto el compás de tu pisada,
ni distraigo la salve de tu misa,
y en tu frente de nardo desvelado
no llego ni a recuerdo ni a sonrisa.
Y en cambio tú eres todo, mi locura,
mi monte, mi canción, mi mar templado,
el pulso de mi sangre, la llanura
donde duermo sin sueño ni pecado,
y el andamio en que apoyo con ternura
este amor que nació ya fracasado.Rafael de León
Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.
* Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.
Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.
* Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.
* Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

CANCIÓN OTOÑAL
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.
Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.
La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.
¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?
¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?
¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del Bien que quizá no exista
, y del Mal que late cerca?
¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?
¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechaS?
¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.