
EL CIPRÉS
“A ti
no te costará acercarte
muchacha; y yo, para hablarte
prefiero que sea aquí…
Ya, a mi edad, nadie me quita
de sentarme, como ves,
a la sombra del ciprés,
en el atrio de la ermita;
tal vez porque estoy tan viejo
que ensayo mi sepultura
o tal vez por el consejo
que el buen ciprés me procura…
Sí; cada vez que suspiro
desmayando en mi doctrina,
lo miro, y el me encamina
los ojos, cuando lo miro;
que al pie de su verde escala
no ha menester otro credo…;
me basta con ese dedo
y el hito que me señala….
Casi humano en la postura…,
firme en su planta…, y robusto,
se apoya en tierra lo justo
para lanzarse a la altura;
y a su destino es tan fiel,
tan bien conoce la senda,
que no hay una rama en él
que, empujándole no ascienda…
Depuración de una vida
que es toda ansiedad y anhelo;
sed de crecer, convertida
en sol de espacio y de cielo,
se obstina, insiste…, y triunfal
recorta en el aire, pura,
su férvida arquitectura
de aguja de catedral…
Aguja viva, en combate
consigo mismo, afinada,
¡Que no es fe petrificada
sino devoción que late…!
Brota de arcillas groseras,
hierve la savia en sus frondas,
se cuentan las primaveras
en su relieve, por ondas
de profusión vegetal;
la luz lo empapa, lo anega,
pero él recio, se despega
de su engarce terrenal,
y austero y noble en su brío,
verde, undoso se le ve
romper el aire vacío
con la majestad de un río
que se pusiera de pie.
(La ermita la fuente y el río)
EDUARDO MARQUINA
Eduardo Marquina fue un buen poeta y dramaturgo (murió en 1946) y ha descrito numerosas obras de teatro poético en las que se manifiesta un gran amor a la tradición española “Las hijas del Cid”; “En Flandes se ha puesto el sol” “La ermita, la fuente y el río”; “Teresa de Jesús”,etc.
Escrito aportado por : José Plasencia Llopis - OAsis

