CINCO DE LA TARDE, EL TEMPLO.
Maestranza, albero...
Un toro,
y esperándolo un torero.
El capote sueña un revoloteo.
Calor. Silencio...
Comienza la ceremonia
en el templo del toreo.
Dos piernas, cuatro patas…
acuden, poco a poco, a su encuentro.
El capote de percal inicia un movimiento.
El toro, al verlo, se inquieta...
Sólo dura un momento.
Un torero espera firme,
Los pies quietos.
El engaño está tras el percal del torero.
Y pasa el toro...
Una voz resuena en el templo...
¡Música, Maestro!
Los sones de un pasodoble
esparciéndose por el viento,
llena la plaza entera
tras ese largo y breve encuentro.
Sudor.
Sudor del toro y del torero,
que, al mezclarse en el albero,
forman una argamasa
que perpetúa el momento.
Sigue la ceremonia.
Silencio en el templo.
Acero en una mano...
La defensa son dos cuernos...
El acero lleva muerte.
Y la encuentra el toro,
engañado, sintiendo
como se desgarran sus entrañas
cuando el estoque está dentro.
Por la cara del torero,
al ver el toro en el suelo,
caen dos lágrimas.
Sentimiento de un hombre
que fue sacerdote en el templo.
Un torero. Sentimiento.
Finales de enero,2002
Juan Caro - OAsis
Maestranza, albero...
Un toro,
y esperándolo un torero.
El capote sueña un revoloteo.
Calor. Silencio...
Comienza la ceremonia
en el templo del toreo.
Dos piernas, cuatro patas…
acuden, poco a poco, a su encuentro.
El capote de percal inicia un movimiento.
El toro, al verlo, se inquieta...
Sólo dura un momento.
Un torero espera firme,
Los pies quietos.
El engaño está tras el percal del torero.
Y pasa el toro...
Una voz resuena en el templo...
¡Música, Maestro!
Los sones de un pasodoble
esparciéndose por el viento,
llena la plaza entera
tras ese largo y breve encuentro.
Sudor.
Sudor del toro y del torero,
que, al mezclarse en el albero,
forman una argamasa
que perpetúa el momento.
Sigue la ceremonia.
Silencio en el templo.
Acero en una mano...
La defensa son dos cuernos...
El acero lleva muerte.
Y la encuentra el toro,
engañado, sintiendo
como se desgarran sus entrañas
cuando el estoque está dentro.
Por la cara del torero,
al ver el toro en el suelo,
caen dos lágrimas.
Sentimiento de un hombre
que fue sacerdote en el templo.
Un torero. Sentimiento.
Finales de enero,2002
Juan Caro - OAsis

